Los páramos: Fábricas de agua que se agotan

En los páramos te sientes en una gran congeladora, pero si te descuidas, el sol del mediodía te achicharra el rostro como si estuvieras dentro de un horno, aunque otras veces es lo contrario y terminas mojado y refugiándote entre el ichu como un pájaro.

Camino entre arboles exóticos (pinos, eucaliptos y ciprés) aunque la mayor parte de bosque de la zona es nativo. A lo lejos los perros ladran tras las vacas y la niebla empieza a descender desde las colinas. Berardo Neyra acelera el paso y procura llegar primero hasta un vivero, lanza un extremo de su poncho hacia el hombro y sostiene que la conservación del páramo les ha permitido implementar nuevas iniciativas de desarrollo para su comunidad como la producción de truchas, derivados lácteos y riegos tecnificados con los que podrán mejorar sus cultivos de pan llevar, los mismos que sirven para el sustento diario.

Este lugar alejado de la ciudad, es el refugio de las especies amenazadas como el oso andino, tapir de montaña, romerillo, el emblemático árbol de la quina (Cascarilla) y otras. “Aquí el agua sirve para sembrar papas, Piura reporta unas 60 variedades nativas de las más de tres mil que hay en el Perú, durante los meses en que no hay lluvias, entre mayo a diciembre. También olluco, oca, trigo, maíz y arvejas. El agua nos da vida y nos permite vivir, aunque no tengamos los servicios básicos tenemos el mejor paisaje y es nuestro deber cuidarlo”, explica Berardo.

Mientras ha llegado hasta una puerta de palos y retira uno a uno para poder pasar hacía el vivero donde hay unos 5.000 mil plantones de árboles, Él se sienta en cuclillas y toma un aliso, agrega que todas serán plantados en la zona, pero para ello deberán esperar los meses de lluvia, “será el próximo año (2020) entre enero a marzo”.

Estamos a unos 300 metros del local comunal del caserío de Totora, aquí en la zona rural, la población se dedica a la agricultura de subsistencia y a la ganadería, unos metros más allá del vivero hay unas vacas, caballos y ovejas. Los agricultores esperan entre dos a tres años para vender sus animales y a cambio recibir unos cuantos cientos de soles.

En mi regreso encuentro algunas plantas aromáticas como la verbena, shinglo, chilcos. Berardo me comenta que algunas de ellas se usan para el pintado de la lana y algodón, con el que se hacen alforjas, mantas, ponchos y otros tejidos. 

Agrega que junto a los riachuelos también se puede encontrar plantas medicinales como el poleo del inca, mático, anís, lanche, entre las más conocidas. Así como frutas silvestres: toronche (papaya nativa), granadilla silvestre, también conocida como puro puro, zarza mora. En  éste sector los pobladores han aprovechado las plantas para hacer cremas y hunguentos, los mismos que se venden en la zona.

No  obstante, para llegar a dicha zona hay que embarcarse en el terminal de Castilla  y viajar durante unas cinco horas,  primero por pista y luego por trocha carrozable hasta Chalaco, donde se llega a tocar el cielo en el caserío de Tierra Colorada, para empezar a flanquear las lomas y descender hasta el distrito de Pacaipampa. En estas alturas el agua nace de entre las rocas, los agricultores visten poncho y yankees y han preocupado por reforestar y cuidar las lagunas.

En los últimos 15 años se logró que alrededor de 40 mil hectáreas de bosque montano y páramo se encuentren bajo protección, lo que significa provisión de agua para las cabeceras de tres cuencas que proveen agua a los ríos Quiroz, Chira y Huancabamba.

Es medio día y el sol es más intenso en la sierra, el alcalde de Pacaipampa, Guido Rojas Hernández, con sombrero en mano y de prisa sale del salón donde se ha reunido con los agricultores del valle del Chira, Sullana, que por estos estos días visitan la zona para conocer la experiencia de conservación.

“Tenemos un plan para seguir sembrando especies forestales nativas, 39 viveros para una capacidad de 1 millón de plantones que sean instalados en los meses de febrero a marzo del próximo año, meses en que hay lluvias, con el que se logrará generar más volúmenes de agua; hay que incidir en la educación de la protección de los recursos hídricos”, sostiene.

Responsabilidad

A Rojas Hernández le preocupa que las autoridades no tomen en serio la conservación y la protección de las cuentas altas, productoras de agua, refiere que el 70% de los bosques de neblina y páramos de Ayabaca y Huancabamba están concesiones y podría desaparecer a una gran cantidad de especies de flora y fauna.

Luego se despide y se dirige hacia su despacho, las gestiones depende continuar, y el grupo de agricultores del Chira sigue su travesía, hay que bordear suben y suben por los cerros y luego descienden hasta Curilcas,  tomarán la carretera longitudinal de la sierra hasta llegar a Totora, donde pernoctamos.

Orquídea del ande.

Berardo Neyra, líder conservacionista del caserío de Totora,  ha convocado a todos los moradores de la zona. Algunos están sentados sobre la hierba y escuchan atentamente las palabras de bienvenida, resalta que si no se cuida el agua los afectados pueden ser las generaciones futuras.

A la fecha han instalado más 10 mil plantones de especies nativas como aliso, cañahiro, romerillo y otras de la zona con el objetivo de proteger los afluentes de agua. Esté hombre, de voz baja, contextura delgada, lleva una gorra y quien viste un poncho marrón con líneas azules y blancas, ha sido uno de los impulsores para la creación de la Área de Conservación Ambiental (ACA-Pacaipampa) y férreo opositor al desarrollo de la minería en las cabeceras de cuentas.

La tarde se echa a perder y el sol se oculta entre los cerros. Paul Viñas Olaya, Coordinador de la Oficina Noroeste de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI), asiduo visitante de los páramos, ha llegado desde Huancabamba, unas dos horas en camioneta por la longitudinal.

La noche es fría, por el viento, en el horizonte la luna llena (Killa junt’asqa) empieza a iluminar las alturas; Viñas sostiene que los páramos son imprevisibles, hay días de sol y otros de lluvia, no sabremos cómo estará el siguiente día, así que nos vamos a descansar a las viviendas aledañas.

Son seis de la  mañana y los gallos cantan y cantan, desde la madrugada,  los patos graznan sin parar en las casas cercanas al local comunal de Totora. Hay palomas comiendo semillas que quedaron olvidadas en la pista y algunas aves rapaces rondando el lugar, intentando conseguir algún sobrante en los campos agrícolas.

A lo lejos la garua opaca los bosques de pinos, eucaliptos, quenuales y otras especies nativas. A unas tres horas de camino, ya sea a pie o en acémila, están los páramos donde hay más de 40 lagunas a su alrededor, entre ellas están: El Páramo, La Huaca,  la Cruz, la Laguna del ojo de San Pablo y otras.

Aquí el viento silva y retumba entre los techos de las casas de calaminas y tejas, algunas los tienen amarrados con alambres para evitar que sean derribados. Los lugareños uno a uno van llegando al local comunal, montados en caballos o mulos, abrigados con pochos y chompas de distintos colores.

Toca subir por unos caminos estrechos hasta el pajonal, casi todos subirán en caballos a la laguna  La Huaca, el sonido de los cascos del caballo es más intenso a media que subimos en medio del serpenteante camino, en parte pedregoso y en otros solo arcilla, su incesante jadeo me conmueven.

Foto: NCI:   Carpintero rojo de páramo.              

He decido confiar en mi corazón y caminar todo el trayecto, unas dos horas cuesta arriba, mientras el viento es más intenso y solo el ichu flamea entre las lomas, los árboles frondosos quedaron a unos 500 metros atrás.

En  el trayecto, encuentro a Flavio Socola dirigente de la junta del Chira, quién visita por segunda vez los páramos y se ha quedado embelesado por la maravilla de la zona, donde ha podido probar queso con tortillas o cachangas, hechas de harina de trigo y preparadas en aceite o en grasa de chancho.

“Sería bueno que otros actores se comprometan, como las empresas, y aportes voluntariamente para que se pueda proteger más áreas del páramo y que no se agote el recurso hídrico, pues los últimos años ya se ha sentido la escasez. Además hay que concientizar a la población y evitar que contamine con bolsas, botellas y otros residuos” sostiene Flavio Sócola,

Recalca que falta tener conciencia ambiental, algunos de sus compañeros que han ido a la zona inconscientemente han dejado desperdigando entre el monte botellas de plástico y otros envoltorios que han quedado entre las pequeñas rocas del camino.

Conservación

En esta travesía también encuentro a Abel Calle Cruz, secretario técnico del Fondo de Agua Quiroz Chira (FAQCH), quien hoy va montado en caballo y viste un poncho negro para protegerse de la neblina y el frío. Él es originario de Pacaipampa y ha visto de cerca la tala indiscriminada de los bosques alto andinos, refiere que la diversidad de flora y fauna del páramo es única (el 60% de las especies de flora que habitan este ecosistema es único en el mundo).

Lo ideal sería conservar las cuentas altas y tener agua suficiente, en los últimos años los productores de las juntas del Chira ha visitado los páramos y han podido constatar en que se invierte el dinero que aportan al FAQCH.

Seguimos caminando en medio de la vegetación, la llovizna es más intensa por momentos, pero el viento la desaparece de nuestros rostros. Abel advierte que sin la vegetación que regule el agua que proviene de la zona andina de Ayabaca, se perjudicarían alrededor de 102 mil hectáreas de riego en los valles San Lorenzo y Chira, hoy beneficia a más de 22 mil productores. Además, su producción llegan a más de 80 mercados en todo el mundo, solo en el 2018 representaron ingresos de 312 millones de dólares.

Agricultores del caserío de Totora llegan en acémilas.

Estoy a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar y  mis zapatos se van hundiendo en un suelo saturado de agua. Estoy sobre la gran esponja que captura el agua de la atmósfera, la retiene, y cuando ya no puede más, la suelta generando los ríos de la costa. Cada hectárea de páramo, conserva y entrega 6 mil litros de agua en un segundo, cantidad con la que se podría llenar hasta 9 mil botellas de 650 mililitros (ml).

Aquí en La Huaca, el fondo de la laguna es de piedra negra, marrón y beige, he llegado acompañado de Serafín Neyra, presidente de ronda de Totora. El viento es más intenso y la niebla desciende desde el macizo rocoso que hay en un extremo, Él se refugia detrás de unas rocas  y contempla las olas que se forman en la laguna, producto del viento.

Aquí aún quedan rastrojos de la quema del páramo (2015) junto a las matas de ichu, hay cenizas y carbones, las pocas plantas que se resisten a morir están chamuscadas, a pesar que ya han pasado más de cuatro años del incendio.   

Cambio climático

Paul Viñas, va unos metros más adelante, trata de hacerse camino entre las pequeñas rocas y arbustos, yacen tiradas algunas bolsa y señala que estas (bolsas) y otros residuos ya son un peligro para la flora y fauna de dicho ecosistema.

«Hay que proteger el páramo, ahí es donde nace el agua, donde nace la unión y el ejemplo de las comunidades alto andinas, quienes han cuidado la zona por años y lo siguen haciendo porque quieren dejar un legado para las futuras generaciones y no piden nada a cambio”, refiere. 

Ahora mira a lo lejos, como quien contempla el páramo, y replica que en el trayecto observaron a un oso de anteojos, el guardián de las lagunas y polinizador de la flora de la zona. Cuenta que, en el Perú, tenemos 95 mil hectáreas de páramos, y aproximadamente el 75% se encuentra en la región Piura (60.000 hectáreas), según la Comunidad Andina, y estos han servido como soporte para los proyectos irrigación de la zona baja y sigue siendo clave para mantener la agroexportación de los últimos 19 años. 

Sin embargo, pocos saben la función que han venido cumpliendo estos ecosistemas ubicados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.Es hora de regresar hacía Totora y enrumbar con destino a Curilcas (Paciapampa), flanquear los cerros hasta descender hasta la ribera de Aranza, un afluente del Quiroz, y empezar a subir hasta llegar a las alturas de Ayabaca.

Mientras aquí, la garua seguirá mojando las congonas, bromelias, achupallas, romerillos y otras especies únicas que han de soltar sus fragancias cada mañana para recibir a los entrépidos visitantes que se animan a subir a las llanuras del páramo.

Es fin de año y seguro que no tardaran las noticias de la falta de agua en las zonas costeras para irrigar las plantaciones de palta, limón, banano y otros. Sin embargo, las indiferencias para cuidar el páramo seguirán igual a no ser que haya otro fenómeno El Niño costero para volver a recordar que hay que proteger las partes altas de las cuencas hidrográficas de Piura, mientras los agricultores de arriba solo piden que se acuerden quienes son los guardianes de los apus.

2 comentarios en “Los páramos: Fábricas de agua que se agotan

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *