UN CHARRO DE CORAZÓN CATAQUENSE

Texto y fotos: Karen Fernández Montero

Su peculiar bigote no pasa desapercibido cuando recorre en su auto blanco las calles de Catacaos. Su nombre fue reemplazado hace años por el seudónimo del “Charro” Requena y es así como lo conocen hasta el día de hoy. La rutina que solía hacer en sus años mozos ya no es la misma.

Ahora el paso de los años se reflejan en su andar un poco lento pero siempre seguro. Ha sido creador de las peñas en Piura cuando abrió el mesón turístico “El Charro”. Con este negocio por 10 años hizo que la gente acuda a divertirse y gozar de la música peruana. Se define como una persona al servicio del pueblo. Ama a su familia. Da gracias a Dios por lo que hasta el momento ha podido realizar. Y tiene el anhelo de que Catacaos sea algún día elevada a provincia.

Don Humberto Requena Oliva, nació en 1928. Desde los 18 trabajó en el campo. Salía a recorrer las tierras con su sombrero como parte de su peculiar vestimenta que hoy lo caracteriza “Lo usaba para protegerme del sol incesante que solía salir al medio día en las parcelas de los gamonales donde trabajaba”. La misma vida en el campo hizo que aprendiera a montar y naciera su amor por los caballos. El carisma y coraje de don Humberto lo llevó a participar en México en un juego donde el caballo tenía que tumbar a un toro.

Al enterarse de esto su amigo Francisco Gonzales García fue el primero que lo llamó “Charro”. Hoy en día se le conoce con este sobrenombre en todo el pueblo de Catacaos y los lugares que ha visitado. Desde hace unos 50 años usa bigote largo. Su esposa al ver que sus dedos estaban lastimados por tanto enroscarse los bigotes, le hizo una crema de cera de abeja con goma tragacanto que usó por años y le dio un estilo más firme. Ahora su hija Viviana le manda desde Estados Unidos una crema para mostachos (bigotes).

Quiere a Catacaos y por ese motivo levantó en este lugar su casa, cuando todo era un arenal. Llegó a ser alcalde de Catacaos en el periodo del 70 al 80 donde hizo toda la pavimentación de este pueblo, gestionó las obras de agua y desagüe. Fue el líder que luchó junto a sus demás compañeros, tocando puertas día y noche pidiendo colaboración para la reconstrucción de la iglesia San Juan  Bautista de Catacaos. Gracias a Dios lo logró y hoy está orgulloso de la labor que desarrolló al ver cómo este templo es uno de los más bellos del norte del Perú.

Su amigo Francisco Gonzáles fue el primero que lo llamó el «Charro», luego de enterarse que había participado en un juego de caballos en México, en el que el caballo tenía que derribar a un toro.

Ha pasado 17 años de su vida corriendo pistas con mucha adrenalina. Gracias a esto ha conocido a muchas personalidades del mundo automovilístico, con las que compartió anécdotas, sentimientos de amistad y momentos muy gratos. Viniendo de Chile sufrió un accidente que le originó una lesión en la columna y la muerte de su copiloto. La “curva de la muerte”, en Nazca puso fin a esta pasión.

La rutina de antaño ya no es la misma. Ahora solo realiza tensión dinámica (ejercicio de resistencia de músculo contra músculo) por que el paso de los años y la lesión que tiene en la columna no le permiten hacer los ejercicios de antes. Suele levantarse a las 4:30 de la mañana. Luego se dedica al 100% a las gestiones que requiere su colegio San Juan Bautista.

Le regala hermosos días a su esposa Zoila Pasapera Maldonado. Con ella suele compartir recuerdos, anécdotas, tristezas y alegrías en su casa de la avenida Cayetano Heredia. Se siente orgulloso de sus hijos y de su mujer. “Nunca encontraré una dama como ella”. El hecho que marcó su vida y la de su esposa fue la muerte de su hijo Cristian. “Lo mató una mototaxi. La muerte de mi hijo fue lo más duro que me ha pasado y no se lo deseo a nadie”, cuenta conteniendo las lágrimas.

DEVOCIÓN

El Señor Cautivo de Ayabaca es el santo al cual venera. En un momento de su vida Dios le puso una gran prueba. Su hija Lorena fue desahuciada por los doctores que la atendían. El amor de padre lo llevó a la ciudad de Ayabaca donde visitó el templo del gran patrón del norte. Con gran devoción y aferrándose al milagro del santo moreno, le pidió por la salud de su gran tesoro.

“Prometí rendirle un homenaje cuando la vida me ponga una oportunidad en mis manos. A los meses mi hija se recuperó satisfactoriamente”, recuerda. Humberto no pudo olvidar la promesa y al llegar a ser congresista consigue que la sagrada imagen del Señor Cautivo de Ayabaca sea condecorada con la medalla de honor del Congreso de la República. Su devoción sigue vigente en lo profundo de su corazón ya que le ha dado la dicha de seguir disfrutando de su heredera. “No cumplí mi promesa por política, lo hice por un agradecimiento profundo a  mi Señor Cautivo”, insiste.

DENTISTA POR UN DÍA

Su amigo, el doctor Valverde, lo convirtió en doctor por un día. Hizo que saque muelas a sus pacientes ya que él no podía hacerlo por tener un dolor en la mano. Humberto no se atrevía a realizar esto ya que temía causar un dolor en los pacientes. Además no se dejarían atender por alguien que no era dentista. Sin embargo, como no hay paciente que no cierre los ojos cuando le van a sacar un diente. Procedió a cumplir el pedido de su gran amigo y le sacó una muela a la viejita que esperaba su turno.

“Ella se fue sonriente por que por primera vez el doctor, que era yo, no le había hecho sentir dolor. Le dije a mi amigo Valverde que sin tener experiencia podía ser  mejor dentista que él (risas)”.

CONGRESISTA

Está muy agradecido con su esposa Zoila y su amigo Fernando Olivera Vega. Ellos lo convencieron para que haga frente a un nuevo reto: llegar al Congreso. Al ser muy conocido por el pueblo, no le sorprendió que la gente vote por el. Fue elegido congresista y su vida cambió mucho. Extrañaba la tranquilidad y la rica gastronomía de su Catacaos, por ello cada 15 días venia de visita por este pueblo.

Retornaba a Lima con los pedidos de la gente. Solía entrar al congreso a las 7:30 am y salía a las 10:00 pm. Sus días eran más agitados cuando llegaban las reuniones del pleno, ya que salía a la 1:00 o 2:00 de la madrugada. Su sombrero de paja toquilla, hecho por manos de mujeres tallanes, siempre lo acompañó en las reuniones del Congreso.

Al preguntarle por la anécdota que mas recuerda con sus amigos congresistas, lanza una carcajada y comienza su relato “en la ultima sesión se me perdió mi sombrero. Al ver que no me lo devolvían. Pido la palabra al presidente del Congreso y le digo que había cleptómanos en la reunión. Para que me lo devolvieran dije que mi sombrero estaba curado por brujos de Huancabamba y el que se lo pusiera se volvería cachudo. A los pocos segundos mi sombrero fue lanzado al sitio en que me encontraba y todos mis compañeros se comenzaron a reír”.

El “charro” extraña de esa época ayudar con proyectos a mucha gente que necesita una mejor calidad de vida. Uno de sus logros fue la aprobación del seguro de vida para 54 personas, entre otros proyectos que recuerda con gran satisfacción.

En su rostro se reflejan los 81 años de existencia, llenos de adrenalina y pasión. Aún tiene muchos sueños por realizar y no descansará hasta cumplirlos. La vida de don Humberto “El charro Requena” seguirá transcurriendo entre su familia y la ayuda al prójimo por que sabe que la humildad hace grande a las personas.

Nota de Redacción: Esta crónica fue escrita en enero del 2009, pero la volvemos a publicar como un homenaje a la vida y obra del gran «Charro» Requena, Que en Paz Descanse.

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